La hora del té parece ser una obligación para las clases sociales altas pero no es más que el momento íntimo de las mujeres cuando a solas se ven libres de obligaciones y de los hombres. Es la hora de las conversaciones trascendentales y de los secretos en voz baja, pero también es un buen momento para relajarse y estando a solas pensar. En una época en la que las mujeres reivindicaban su derecho al voto, estaban subyugadas a los hombres porque supuestamente no sabían pensar y se dejaban dominar por el corazón. Pero la hora del té es la hora en la que una se demostraba a sí misma hasta donde podía llegar y cuán inmensa era su mente. Por eso los artistas querían reflejar la profundidad de ese momento. Se verán mujeres soñadoras, pensativas, meditabundas, observadoras y otras demasiado habladoras pero todas libres, protagonistas, sin ataduras sociales y sin los hombres presentes.
Si buceamos un poco en la historia, tomar el té siempre ha sido una ceremonia propia de un ritual religioso tanto para los japoneses como para los chinos. Preparación, delicadeza, sabiduría. Todo debía salir perfecto como si el más mínimo error fuera a enfadar a algún tipo de dios del té. Los ingleses fueron los primeros en Europa en conocer el té a principios del siglo XVI y lo convirtieron también en una ceremonia especial. El agua debe hervir a cierta temperatura, tiene que estar tantos minutos y un largo etc de ingredientes y pasos a seguir para que el té sea delicioso y cuanto más amargo mejor. Hay que notar la diferecia de los opuestos: lo amargo y lo dulce, propiedades de la vida. La parte dulce la dan las galletas, pastas o pasteles con los que se suele acompañar. Y para mezclarlo el té sólo requiere de limón o leche. Y para no contradecir las milenarias ceremonias orientales, el té requiere de su propio juego y he aquí donde los más ricos compran los juegos de té más caros, y que por supuesto sean de plata.
Pero saltándome el paso del protocolo, del vestuario y de la decoración de una mesa de té y de sus muebles auxiliares, interesa más exponer las obras. Dejaré que cada cual juzgue porque aquí no se trata de analizar pinceladas o técnicas, de definir estilos o de profundizar en la mente de los autores. Se trata de mirar y de imaginar una historia. La historia de unas personas que aparentemente tomaban el té sin ninguna preocupación, pero como en todas las historias hay un doble fondo.










La luz clara entra,
un criado dice cosas banales,
las flores no tienen olor.
Es la hora del té y alguien tararea una dulce canción.
Recelos cruzan la puerta,
mi alma se encuentra en vela,
pero el olor del té nos desvela,
eterno secreto milenario.
Una dama sentada,
un cuadro en la pared,
así estamos ahora,
esta es la hora del té.
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