martes, 20 de abril de 2010

Con la literatura romántica y el movimiento gótico en el que abundaban los castillos, cementerios y abadías fantasmales, surge a finales del siglo XVIII el neogótico.

En Inglaterra, donde surgió primero, los románticos se rebelaron contra el clasicismo georgiano de Robert Adam y decidieron abandonar la herencia clásica de Grecia y Roma y la burda imitación neopalladiana. Miraron a su pasado, que ensalzaron con novelas y poesías pero en realidad lo estaban idealizando. A penas sabían nada de la Edad Media y la tomaron como una época bucólica y pacífica donde abundaban los caballeros. Estaban influidos por la recuperación de la producción artúrica y el redescubrimiento de las abadías abandonadas que abundan en el país.

Sin embargo, el neogótico es sólo una reinterpretación del gótico de la Alta Edad Media, pues a veces resulta austero en algunos edificios y en otros una aberración.

Los inicios del neogótico los encontramos en las mansiones de campo de los extravagantes ricos e intelectuales. Más tarde se construirían iglesias neogóticas, ayuntamientos como el de Manchester y otros edifios públicos como universidades, la de Glasgow, las Casas del Parlamento, etc.

Según avanzaba el siglo XIX el neogótico se extendió por el resto de Europa y del mundo, llegando hasta América. En España, un buen ejemplo neogótico es la Iglesia de la Almudena, mandada construir por el rey Alfonso XII.

LOS CASOS MÁS ESPECIALES

STRAWBERRY HILL

La villa de Horace Walpole, el famoso escritor gótico que escribió el Castillo de Otranto,  es un buen ejemplo del neogótico.

Construida sin haber estudiado adecuadamente el gótico, es una mezcla de castillo de epoca de Enrique VIII y de monasterio.

En esta galería se aprecia la cúpula de abanico, característica del gótico inglés del siglo XIV.

FONTHILL ABBEY, EL SUEÑO ROTO

Fonthill abbey se ubicaba en el condado de Wiltshire y fue construida por James Wyatt, el famoso introductor del neogótico, para William Thomas Beckford. La antigua casa era de época isabelina y Wyatt sólo añadió un ala nueva a la casa y reformó la fachada principal para que pareciese gótica y no renacentista. Su mayor logro y su gran derrota fue la construcción de la torre octogonal que ascendía como un enorme cimborrio. Las obras finalizaron siete años después, en 1802, pero los interiores no quedaron terminados hasta 1813.

Pero Fonthill Abbey tiene una tragica historia que no repercutió en sus inquilinos aunque todos sintieron su pérdida. Primero un incendio y después el derrumbamiento de la enorme torre octogonal de 90 metros de altura en 1825. Ambos sucesos ocurrieron cuando el señor Beckford se hallaba en su plantación de azúcar en Jamaica.

Muchos durmieron en alguna de sus admirables habitaciones como Nelson o Lady Hamilton y se decía que los cocineros preparaban cada día comida para 12 debido a tantos invitados. Rojo, púrpura, oro y plata era el interior de esta enorme pesadilla. Su entrada parecía el interior de una catedral gótica francesa y las vidrieras dejaban entrar una luz misteriosa.

ST. PATRICK'S CATHEDRAL

El tercer caso especial es la catedral de San Patricio, ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York. Justo en frente está el Rockefeller Center, el coloso financiero.

Se construyó para reemplazar la vieja catedral de San Patricio pero durante los años de la Guerra de Secesión la construcción estuvo parada y no se pudo finalizar hasta 1865. Fue el edificio más alto hasta la llegada de los rascacielos a inicios del siglo XX y engullida por el capitalismo. Sin embargo posee un diseño que la hace única y especial. Interiores de mármol blanco de Massachussets, sólo comparable al de Carrara, dos altares diseñados por Tiffany y Co y otro por el italiano Paolo Medici. Las vidrieras fueron hechas por los mejores artistas europeos, la Piedad es tres veces mayor que la de Miguel Ángel y su tejado es de pizarra.

Se considera una de las catedrales más grandes del mundo, ya que ocupa una extensión de 302 manzanas de edificios.


Tags: edificio

Publicado por Desconocido @ 13:00  | Arquitectura
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