Viernes, 26 de marzo de 2010

Franz Xaver Winterhalter, nacido el 20 de abril de 1805, en pleno imperio napoleónico, fue conocido sobre todo por sus retratos de la realeza.

Nació en la pequeña aldea de Menzenschwand en la Selva Negra, perteneciente al Gran Ducado de Baden y era el sexto hijo de una familia de campesinos. Tras abandonar la escuela del monasterio benedictino de St. Blasien a los 13 años, fue a estudiar dibujo y grabado como discípulo en un taller de Friburgo, el del delineante y litógrafo Karl Ludwig Schüler. A los 18 fue a trabajar a Munich bajo el mecenazgo del industrial Barón von Eichtal. En 1825 comenzó a estudiar en la Academia de Artes de Munich gracias al Duque de Baden, que le pagaba sus estudios. Su profesor fue Peter Cornelius, con quien no se llevaba desamiado bien. Sin embargo congenió con Joseph Stieler.

Hasta 1828 Winterhalter no entra en los círculos cortesanos. Fue cuando se convirtió en el profesor de dibujo de Sofía Guillermina de Suecia en Karlsruhe. En 1833 pudo viajar a Italia con el apoyo de Leopoldo, Gran Duque de Baden. En Roma realizó varios cuadros de estilo Romántico, predominante en la época debido a las revoluciones liberales que convulsionaban Europa. En esta misma ciudad entró en contacto con el círculo del director de la Academia Francesa, Horace Vernet. A su regreso a Karlsruhe pintó un retrato de los duques de Baden, que gustó tanto que lo nombraron pintor de la corte archiducal.

Viajó a Francia y destacó en los salones artísticos durante los últimos años de la década de 1830, recibiendo elogios por algunas obras de influencia italiana como "Il dolce Farniente" y "Il Decameron". Pero su carrera como retratista se consolidó cuando en 1838 hizo un retrato de Luisa Maria de Orleans con su hijo. A partir de aquí Maria Amalia de las Dos Sicilias, reina de Francia antes de ser expulsada en 1848, lo nombró pintor de la corte. Su figura sería alabada por los miembros de la realeza pero duramente criticada por los artistas de la época debido a este giro de su carrera. Siempre tendría encargos de reyes y emperadores a pesar de ver como dinastías caían y se alzaban otras en su lugar, como cambiaban regímenes a causa de revoluciones pero no le afectó para nada a su carrera pues jamás le faltarían los encargos. Esto provocó que su pintura fuera poco evolutiva y se mantuviera siempre en la misma línea bastante cercana al realismo.

El verano de 1873 contrajo tifus y murió el 8 de julio de ese mismo año.

Uno de sus retratos más famosos y que lo inmortalizaría tanto a él como pintor como a su modelo por ser la mujer más bella de Europa, fue el de Sissi emperatriz.

Vemos a la emperatriz en una pose coqueta, en traje de cama y con el pelo suelto. Al fondo un paisaje sin deducir. Apreciamos la maestría de Winterhalter con el pincel al ser capaz de reproducir la textura del satén del vestido de cama. Pero también en el detalle del cabello de la emperatriz y sobre todo en como refleja el alma de Sissi, ensoñadora y melancólica.

En este otro retrato la Duquesa Alejandra, vemos la artificiosidad del autor. Le gustaba mostrar la clase a la que pertenecía la retratada y para ello le pidió a la propia duquesa que se pusiera las joyas que él mismo había escogido del joyero de la retratada. Los detalles eran muy importantes: vestido, peinado, joyas y demás adornos servían para resaltar el poder de la persona que le encargaba el retrato.

Sus contemporáneos tacharon su estilo de ser frío por estar al servicio de la realeza. Es cierto que es algo idealizado el retrato pero la maestría con la que trabaja, sus rápidas pinceladas en las zonas de menor importancia y las delicadas en las que requerían realismo es algo único e inimitable. En este retrato de la emperatriz de Méjico, Carlota, vemos todas las características ya dichas.

El retrato en los hombres mantiene las mismas características pero para el propio autor era monótono, pues sólo tenía que mostrar el poder militar y civil del propio monarca, con sus atributos como sucede en este retrato de Napoleó III.

La época más prolífica del autor fue la de las décadas de 1850 y 1860 donde predominan los retratos de mujeres de la realeza en los que vemos con gran detalle la moda de la época. Sin embargo en estas décadas sus modelos aparecen como mujeres frágiles y candorosas en un paisaje bucólico.

Otro de los retratos de la Emperatriz Elisabeth de Baviera.

Aquí vemos en el centro de la composición, sobresaliendo la Emperatriz Eugenia de Montijo. Está rodeada por sus damas.


Tags: Retrato

Publicado por Amane_Hitchcok @ 23:55  | Pintura
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios